Oscuridad

Oscuridad

de Noticias Recon

31 marzo 2026

Por DogBoiBailey

La oscuridad es algo que rodea las comunidades LGBT y BDSM/fetichistas, desde el diseño de nuestros espacios sexualizados hasta los mismos nombres de nuestros encuentros o festivales. La oscuridad da forma a nuestras normas de interactuación, nuestras prácticas sexuales y nuestros espacios sociales. Esa omnipresencia de las sombras tan persistente quizá nos debería llevar a reevaluar urgentemente lo que significa la oscuridad en nuestro ambiente. Esta investigación nos conducirá a la luz de la liberación y creará espacios considerados que nos beneficiarán a todos.

El tema de la oscuridad no es algo obvio o sencillo de explorar. Tal exploración provoca miles de preguntas desde la simple meditación sobre "¿qué es la oscuridad?" hasta la más que probable indagación sobre "¿cuál es nuestra relación con la oscuridad?", pregunta que está llena de matices o incluso a ese momento de perplejidad sobre "¿cuál es la historia de la oscuridad y del esconderse entre las sombras?".

La propia relación entre el fetichismo y la oscuridad es igual de compleja, y conlleva su propia lista de preguntas subjetivas. Desde un punto de vista filosófico, uno se puede preguntar "si la oscuridad del pasado tenía nociones o estaba relacionada con el miedo, la vergüenza o el estigma, ¿engendra la oscuridad actual aún (incluso inconscientemente) las mismas connotaciones negativas que ha costado tanto ignorar, difuminar y deconstruir?". Desde un punto de vista menos filosófico, pero igual de pertinente, nos surgen las ideas cuando hacemos una simple comparación de pros y contras: por un lado, "¿cómo nos incentiva la oscuridad y nos atrae a los fetichistas?" pero también por otro lado "¿cómo afecta negativamente la oscuridad y nos aparta de nuestras experiencias sexuales y nuestras vidas fetichistas?".

Estas dos últimas preguntas forman la base de este artículo: volver a evaluar y considerar algunos de los modelos de la actualidad como espacio contextualizado, su utilidad y comenzar a desafiar el status-quo de nuestro ambiente. Solo entonces podemos empezar a obtener respuestas a la pregunta global: "¿está la luz de la liberación esperándonos al final del cuarto oscuro?, y si es así, ¿qué aspecto tiene?".


Escondidos a plena luz del día: capas de invisibilidad y liberación


A lo largo de nuestra historia, la oscuridad ha actuado como capa simbólica de seguridad liberadora y de invisibilidad del sufrimiento para la gente marica.

Durante el siglo XX, la oscuridad ha desempeñado un papel fundamental en nuestras relaciones con el miedo, el odio y la discriminación. Los años 20 aportaron la última fila de los cines como santuario para las relaciones sexuales queer lejos de la mirada observadora heteronormativa de la sociedad. Otros espacios públicos como saunas, fotomatones y vestuarios abrieron la mirilla para ver lo que sería la futura vida social y la cultura del cruising de la comunidad LGBT+. En los 50 y los 60, la violencia y la brutalidad policial contra los locales LGBT+ y contra nuestra vida nocturna hizo que muchos buscasen la seguridad del mundo underground y oscuro; lejos de la atención o las sospechas que levantábamos frente a la policía en las calles. Estar retirados así en el mundo de las sombras nos obligó a cultivar un sentimiento de camaradería, de comunidad y de solidaridad.

Durante las difíciles décadas de los 80 y los 90, surgió el deseo (y la necesidad) enorme de oscuridad que procedía de una realidad que cada vez nos estigmatizaba más y nos tenía más miedo al reaccionar con pánico ante la nueva moral, y por supuesto ante los horrores de la crisis del sida, que estaba en su peor momento. Dentro de este contexto, la oscuridad actuó como un catalizar de aventuras, de relaciones sexuales y de interacciones mientras mantenía una impresión relativa de seguridad a través del anonimato y de una separación sensorial.

Con la gentrificación del siglo XXI, la digitalización de nuestras relaciones se ha convertido en la norma, hay espacios sexualizados y primarios que siguen siendo los últimos vestigios de una era pasada. El progreso de la sociedad occidental, la visualización cada vez mayor y desde luego el desarrollo tecnológico han causado que muchos aspectos de nuestra comunidad cambien y se adapten, en todos los sentidos, desde cómo nos conocemos y cómo socializamos, hasta cómo nos vemos o nos expresamos. Nuestras propias identidades. Sin embargo, sigue habiendo un aspecto importante de nuestra experiencia que no ha cambiado mucho: la omnipresencia de la oscuridad en nuestros espacios.


El cuarto oscuro: ¿utopía o infierno?


La encarnación más obvia de la oscuridad que se me ocurre dentro de un contexto fetichista es el cuarto oscuro o darkroom. Para los que no se hayan enterado, un cuarto oscuro es un espacio diseñado para la exploración sexual de forma anónima, estos espacios pueden ser temporales o permanentes, pero siempre les caracteriza el bajo nivel de iluminación, o la ausencia absoluta de luz e incorpora diferentes elementos de cruising.

Es importante decir que la oscuridad no es exclusiva del cuarto oscuro, hay muchos otros espacios que incluyen la oscuridad en su modus operandi. Las saunas, los bares o clubs dedicados al cruising, las zonas de cruising al aire libre, y desde luego, los eventos fetichistas, son algunas e las opciones que me vienen a la mente. Por supuesto, los dos primeros espacios que he mencionado no son completamente oscuros todo el tiempo, las saunas a menudo tienen una zona para socializar como por ejemplo un bar, que normalmente está iluminado.

Al hablar de la oscuridad, no podemos ignorar la noche y sus matices. A menudo nos conocemos, nos lo montamos y salimos de fiesta por la noche. La noche es un lugar de vulnerabilidad obvia pero también de liberación social y sexual.

Para algunos, el cuarto oscuro sirve de espacio seguro para la exploración sexual, para otros son espacios de vergüenza, asco y guarreo pecaminoso. En mi adolescencia y cuando tenía unos 20 años, al final de la noche siempre acababa en esos sitios. No iba por sentirme avergonzado, sino por la curiosidad cachonda de tocar a otros hombres, sobre todo, en un espacio público. Fue una experiencia formadora que me ha marcado. No me avergüenza decirlo: hace diez años en aquel Londres de 2015, antes de poder acceder fácilmente al PrEP, esos lugares y espacios eran catalizadores de comportamientos arriesgados para mí y para muchos otros. Después de tener un resultado positivo al hacerme una prueba, años después empecé a pensar en los riesgos que yo, y otros como yo, habíamos corrido por causa de esa búsqueda de conexión física, placer y realización sexual. ¿Qué dicen estos espacios y sus legados sobre nuestra relación con la oscuridad en la actualidad? Hasta hoy, sigo teniendo una mezcla de sentimientos en referencia a esos lugares y estoy seguro de que no soy el único.


"Si no está roto …": en defensa de la oscuridad


Al hablarlo con otros fetichistas, algunos dicen "si no está roto, no lo arregles". Es verdad que la oscuridad para muchos es algo que se debe disfrutar, una situación que esconde nuestras inseguridades, que aumenta la universalidad de la apariencia y la igualdad de los cuerpos. Otros dicen que el anonimato y la privacidad mejoran las relaciones y las interacciones y hasta las hacen más fuertes. Bailar como si nadie estuviese mirando se convierte en "¡follemos como si nadie estuviese mirando!'. La oscuridad no es la única forma de tener anonimato, por supuesto. El uso de balaclavas, vendas en los ojos, capuchas de pup, o incluso el propio principio del gloryhole, son otras formas de esconderse. Esto también se puede aplicar a los espacios virtuales con los famosos y desesperantes perfiles sin foto.

La teoría de "Heterotopia" de Michael Foucault encaja de forma interesante con el concepto del cuarto oscuro y del espacio conceptual. El cuarto oscuro simple esconde más de lo que parece a primera vista; un lugar que se percibe como el templo del pecado, del placer pervertido y del anonimato desvergonzado, donde todos esos elementos se encuentran simbólicamente unidos y reapropiados. Tales espacios nos permiten vivir nuestras fantasías, superar nuestros miedos, volver a escribir nuestros traumas y liberarnos con nuestras propias experiencias, o simplemente, también se puede pensar "lo que ocurre en la oscuridad, se queda en la oscuridad".

En este sentido, los conceptos de la oscuridad, del anonimato y del sexo a ciegas están interconectados y son codependientes. Dicen que el amor es ciego, ¡pues la lujuria también! Las razones son obvias, o no quieres que te reconozcan, o tienes miedo de que te discriminen por la edad o la apariencia, o simplemente encuentras excitante el acto de montártelo con alguien que no conoces o no puedes ver.

En este momento, la oscuridad parece ser algo bueno y es una característica entendible de nuestro ambiente. La oscuridad no tiene nada de malo, sin embargo, no soy el único que ha visto el impacto de la luz y cómo su introducción puede organizar nuestros espacios sexuales mejor. Esto no es necesariamente un argumento en contra de la oscuridad, sino más bien un argumento a favor de más luz.


Y que se haga la luz: defensa de la iluminación


Vi la luz cuando fui a EE.UU. y experimenté lo que es una mazmorra durante el Austin Kink Weekend. En vez de ser un cuarto oscuro, había un gran espacio abierto, lleno de elementos y aparatos de BDSM flipantes. Lo que era diferente de los cuartos oscuros europeos era la iluminación. Había puntos de luz dirigidos a cada elemento de equipación junto con una iluminación baja en el techo. No era en plan a saco ni te sentías como en un quirófano o en un manicomio, sino que había la suficiente luz para disfrutar.

La luz tamizada cambió las dinámicas del espacio al permitirte observar cómo se lo montaban los demás (y desde el otro lado de la habitación), me sobrecogió una especie de epifanía "así es como debería ser". Fue realmente agradable ver lo que estaba pasando sin tener que estar tan cerca de los demás como para que sientas que estás imponiendo tu presencia. La luz permitía a los demás mirar a la vez que existía un sentimiento de experiencia compartida. Después de observar todo esto, me presenté a esos chicos, y les pregunté cómo podía aprender más, los riesgos que había y seamos honestos: ¡les dije piropos y me puse flirtear con ellos! Pude hacer todas esas preguntas detalladas solo porque había visto claramente lo que habían estado haciendo (y no sólo una silueta).

Para resumir, una conexión mejorada gracias a la luz puede unir los deseos de exhibicionismo y de ser un mirón. Su presencia impuso un nivel de responsabilidad y seguridad mutuas que me hizo sentirme más cómodo. Desde luego, también fue super excitante montármelo, sabiendo que otros podían ver y ponerse cachondos viéndome a mí. ¡Claro!

Aparte de los aspectos subjetivos pervertidos, había muchas otras cosas que aprender. La luz blanca tamizada hizo mucho más natural algunos elementos como el consentimiento y la comodidad en general. La luz permitió ver cualquier signo de incomodidad o cualquier otra expresión facial (dientes apretados, caras raras, lágrimas, color de la piel), la tensión de las manos, todo era mucho más fácil, incluso reconocer expresiones físicas de dolor o disgusto.

Esto también es válido para las señales de 'rojo' y 'marrón', que son difíciles de ver en un cuarto oscuro y te pueden dar una sorpresa desagradable. En serio, a quien se le ocurriese la idea de que la luz roja era ideal para la zona de fisting, ¡claramente no hace fisting! ¡Intenta convencerme de lo contrario! Bromas aparte, no se debe pasar por alto un razonamiento lógico en referencia a la luz roja: suaviza o disimula las marcas de la edad, sobre todo las arrugas y las cicatrices, pero simplemente no es algo práctico para una zona cuyo principal objetivo es la exploración anal.

En relación al tema de la vista, no es ningún secreto, pero la luz hace que el espacio sea más accesible para alguien como yo, que no ve dos en un burro sin gafas, sobre todo en la oscuridad y con una capucha de pup puesta, que hace que los demás sentidos estén también tamizados. A veces un collar de perro es más que necesario.


Luz al final del túnel: el camino hacia la emancipación y el empoderamiento


No hay una respuesta correcta o incorrecta. Cada uno de nosotros lleva una vida diferente con nuestras propias experiencias y nuestras complejas necesidades, por no mencionar los diferentes deseos que tenemos y que compiten entre sí. Y todo eso está bien.

La oscuridad tiene el poder de liberarnos, pero también de oprimirnos. La liberación es un elemento central en la historia de nuestro movimiento y de nuestra comunidad, ya sea una liberación política, social o sexual. Me encanta el bondage, pero sigo creyendo que nadie es totalmente libre hasta que lo seamos todos.

Aunque estemos en la génesis del debate sobre la oscuridad y la necesidad de la luz, es vital que este diálogo forme parte de conversaciones más amplias que están teniendo lugar en nuestra comunidad sobre cómo crear e implementar mejor esas prácticas que convierten nuestros espacios sexualizados en espacios inclusivos que acaban beneficiándonos, emancipándonos y empoderándonos a todos nosotros.

Después de todo, el dicho es cierto, de la oscuridad saldrá la luz, ¿no?

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